La eficiencia energética en hospitales se ha convertido en uno de los grandes retos para la modernización de las infraestructuras sanitarias españolas. El Sistema Nacional de Salud cuenta con 469 hospitales públicos, además de 3.055 centros de salud y más de 10.000 consultorios locales. Cada año, los hospitales atienden alrededor de cuatro millones de pacientes ingresados, realizan más de 90 millones de consultas médicas y llevan a cabo cerca de 3,7 millones de intervenciones quirúrgicas.
Detrás de esta actividad existen instalaciones que funcionan de forma prácticamente ininterrumpida y que resultan esenciales para garantizar la calidad asistencial. Climatización, ventilación, distribución eléctrica, iluminación, sistemas de control y equipamiento crítico deben responder a unas exigencias de disponibilidad y seguridad muy superiores a las de otros edificios.
Al mismo tiempo, el sector sanitario atraviesa un importante ciclo de modernización. Según el informe Healthcare España 2025 de Colliers, la inversión alcanzó los 1.358 millones de euros, de los que 411 millones correspondieron a infraestructura hospitalaria. A ello se suma la necesidad de ampliar la capacidad asistencial con unas 5.500 nuevas camas antes de 2031, un reto que requerirá inversiones cercanas a los 2.460 millones de euros.
A este escenario se incorpora el PREE Sanitario, dotado con 168 millones de euros para impulsar la rehabilitación energética de hospitales y otros edificios sanitarios públicos. El programa abre una oportunidad para acelerar proyectos de eficiencia energética en hospitales, aunque el verdadero desafío no consiste únicamente en ejecutar las actuaciones, sino en conseguir que sus resultados se mantengan durante toda la vida útil de las instalaciones.
La eficiencia energética en hospitales va más allá de renovar equipos
Cuando se habla de rehabilitación energética de edificios, es habitual pensar en sustituir equipos de climatización, mejorar el aislamiento de la envolvente o incorporar sistemas de iluminación más eficientes. Son actuaciones necesarias y capaces de ofrecer resultados tangibles. De hecho, el propio PREE Sanitario contempla este tipo de intervenciones junto con la automatización de las instalaciones y la integración de energías renovables.
En un hospital, sin embargo, el alcance de cualquier proyecto de eficiencia energética va mucho más allá de la renovación de equipos. La climatización debe mantener condiciones muy precisas en quirófanos, laboratorios o áreas de hospitalización; la calidad del aire incide directamente en la seguridad de pacientes y profesionales, así como en las condiciones de los espacios; y la alimentación eléctrica debe garantizar el suministro continuo a equipos e instalaciones críticas.
Todo ello sucede, además, en infraestructuras que permanecen operativas las 24 horas del día y en las que cualquier intervención requiere una planificación especialmente cuidadosa para evitar interferencias con la actividad asistencial.
Por ese motivo, la eficiencia energética en hospitales debe abordarse desde una perspectiva global. Modernizar una instalación aporta mejoras, pero el salto cualitativo se produce cuando climatización, distribución eléctrica, iluminación y sistemas de control funcionan de forma coordinada y adaptan su comportamiento a las necesidades reales del centro.
Esta capacidad de interacción permite reducir consumos, optimizar la operación diaria y mantener el equilibrio entre eficiencia energética, confort y continuidad del servicio, tres factores estrechamente relacionados en cualquier infraestructura sanitaria.
La gestión energética del hospital adquiere un papel protagonista
La rehabilitación energética no termina cuando finalizan las obras. A partir de ese momento comienza otra etapa decisiva: conseguir que las mejoras implantadas mantengan su rendimiento a lo largo del tiempo.
En un entorno tan exigente como el hospitalario, donde las condiciones de ocupación cambian constantemente y cada área presenta necesidades diferentes, la forma de operar el edificio tiene una influencia directa sobre su consumo energético.
Para conseguir una gestión eficiente resulta imprescindible disponer de una visión completa del comportamiento de las instalaciones. Conocer el consumo eléctrico global es solo una parte de la información necesaria.
También es importante identificar qué equipos concentran la mayor demanda energética, analizar cómo afecta la ocupación de determinadas zonas al funcionamiento de la climatización, detectar desviaciones respecto a los parámetros habituales o identificar activos que comienzan a perder rendimiento antes de que se produzca una avería.
Esta información facilita la priorización de actuaciones, permite planificar el mantenimiento con mayor precisión y contribuye a aprovechar mejor los recursos disponibles.
Digitalización y automatización para mejorar la eficiencia energética
La digitalización de los hospitales desempeña un papel determinante en este proceso porque permite integrar sistemas que tradicionalmente han funcionado de manera independiente, como la distribución eléctrica, la climatización, la iluminación o la supervisión de las instalaciones.
El resultado es una gestión más ágil y basada en información actualizada, con capacidad para realizar ajustes continuos respetando las exigencias de confort, seguridad y disponibilidad propias de un centro sanitario.
La automatización permite, por ejemplo, adaptar determinados parámetros de funcionamiento a la ocupación o a las necesidades de cada zona, mientras que la monitorización proporciona información sobre la evolución de los consumos y el comportamiento de los equipos.
De este modo, digitalización, automatización y gestión energética pasan a formar parte de una misma estrategia destinada a mejorar el rendimiento de las instalaciones durante todo su ciclo de vida.
La energía como elemento estratégico en la operación hospitalaria
La transformación del parque hospitalario coincide con otra evolución de gran alcance: la del propio sistema energético. La electrificación de nuevos usos, el crecimiento del autoconsumo, la incorporación de sistemas de almacenamiento y el despliegue de tecnologías digitales están modificando la forma en la que estas infraestructuras consumen, distribuyen y gestionan la energía.
Esta realidad obliga a replantear la manera en que se diseñan y operan los centros sanitarios, especialmente cuando deben combinar eficiencia energética, resiliencia y una elevada disponibilidad de las instalaciones.
Responder a este escenario exige una visión capaz de integrar las diferentes piezas que intervienen en el funcionamiento del edificio.
Desde Schneider Electric apostamos por un modelo que combina electrificación, automatización y digitalización para que las instalaciones dejen de operar como elementos independientes y funcionen como un sistema coordinado. Este enfoque permite optimizar el rendimiento energético, reforzar la resiliencia de las infraestructuras críticas y facilitar su adaptación a las nuevas exigencias normativas y operativas que afronta el sector sanitario.
Este planteamiento se materializa a través del ecosistema EcoStruxure, una arquitectura abierta e interoperable que integra gestión energética, automatización y operación en una misma plataforma.
A través de este enfoque es posible supervisar en tiempo real el comportamiento de las instalaciones, coordinar sistemas como climatización, distribución eléctrica o iluminación, automatizar procesos y disponer de información que facilite una toma de decisiones más precisa.
El objetivo es avanzar hacia un uso más eficiente de los recursos, aumentar la capacidad para anticipar incidencias y disponer de hospitales preparados para evolucionar al ritmo de las necesidades asistenciales y de los nuevos retos energéticos.
PREE Sanitario y rehabilitación energética de hospitales
El PREE Sanitario supone una oportunidad para acelerar la modernización del parque sanitario público y mejorar su comportamiento energético.
El programa cuenta con 168 millones de euros destinados a actuaciones de rehabilitación energética en hospitales y otros edificios sanitarios públicos, abriendo la puerta a proyectos relacionados con la envolvente, las instalaciones térmicas, la iluminación, la automatización y las energías renovables.
Sin embargo, alcanzar reducciones significativas del consumo dependerá no solo de las tecnologías instaladas, sino también de la calidad de los proyectos y de la capacidad para gestionar posteriormente las nuevas instalaciones.
La rehabilitación energética de hospitales ofrece así una oportunidad para incorporar soluciones que aumenten la eficiencia de los edificios existentes, pero también para sentar las bases de una nueva forma de gestionarlos, en la que la energía deje de ser una variable que se revisa periódicamente para convertirse en un elemento integrado en la operación diaria del centro sanitario.
Una inversión en eficiencia con impacto a largo plazo
Los hospitales seguirán necesitando infraestructuras robustas, seguras y capaces de responder a una demanda asistencial creciente. Prepararlos para ese futuro implica pensar más allá de la sustitución de equipos.
Significa dotarlos de capacidad de monitorización, automatización y adaptación, así como de herramientas que permitan mantener un elevado rendimiento energético durante todo su ciclo de vida.
Ahí reside uno de los principales valores de la transformación digital aplicada a la eficiencia energética en hospitales: conseguir que los beneficios de una rehabilitación no terminen cuando finalizan las obras, sino que puedan mantenerse y optimizarse mediante una gestión continua de las instalaciones.
La combinación de rehabilitación energética, electrificación, automatización y digitalización permite abordar el hospital como un sistema interconectado. Una perspectiva especialmente relevante en un momento en el que la modernización de las infraestructuras sanitarias deberá responder simultáneamente a objetivos de ahorro energético, resiliencia, calidad de los espacios y continuidad asistencial.
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